Algunas veces el “hubiera” se convierte en una de nuestras palabras favoritas, y nos hace incluso creer que por mencionarla las cosas cambiarán: “si hubiera hecho esto, hubiera ganado o no hubiera perdido”. La autoflagelación a veces se nos acomoda bien y estas ideas favorecen a que se despierten sentimientos de culpa, envidia y generan la sensación de que imaginar, repara.
El hecho es que toda persona desea sobresalir, el único problema es que no siempre todo sucede como esperamos. Aceptemos que el sabor a fracaso trae consigo también grandes aprendizajes y triunfos; aquellos que son reconocidos por sus habilidades o éxitos han fallado una y otra vez en la vida, no son invencibles pero han aceptado el fracaso y lo han intentado de nuevo, un hubiera convertido en una oportunidad para mejorar.
Evadir los fracasos también se puede convertir en un limitante llevándonos a caer en situaciones repetitivas y cero productivas. Querer obtener el reconocimiento o cosas de manera rápida hace que al primer obstáculo queramos salir huyendo en vez de continuar y superarlo, así que depende de nosotros reflexionar por un momento, reconocer nuestros fracasos y su valor porque a través de ellos nos daremos cuenta si vamos por el camino indicado o si debemos modificarlo. Una persona puede llegar a comprender el verdadero valor del éxito reconociendo el verdadero valor del fracaso.
El “hubiera” es lo que somos y conocemos ahora, ver el pasado sólo para atormentarnos no es válido; el placer de la vida no se trata de recordar lo que pudo haber sucedido.
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